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Mercado de Caldillos y Cazuelas de Curicó: De ollas, cultura y éxitos

Lunes, 10 Agosto 2015 - 11:04am

Ya madura y consolidada como fiesta popular, la iniciativa que copa la Alameda de esta ciudad de la VII Región es ante todo un reservorio de experiencias culinarias tradicionales, proyectadas al gran público de manera profesional y fluida, donde el disfrute es tanto sensorial y festivo, como también una deliciosa aventura cultural.

La más ancha y mejor dispuesta avenida de Curicó disponible para mirar los caldos criollos de otra manera. Poco a poco ha ido cobrando valor el trabajo de quienes organizan el Mercado de Caldillos y Cazuelas, que se realizó entre 24 y el 26 de julio pasado, donde se ha ido alzando con dedicación el valor de las sopas –y los caldos, y las cremas- como portadores de la cultura criolla. Caldos de chancho con luche, de Lapas o la peculiar Guañaca figuraron dentro de una lista larga, dispuesta de manera organizada y bien protegida del tiempo invernal en una enorme carpa semitransparente desde donde se dejó ver ese Chile tradicional que gracias a este tipo de eventos sigue despertando de su letargo.

Esta temporada el evento no se centró tanto en la preparaciones específicas elaboradas por cocineros puntuales, sino por una serie de restaurantes de norte a sur, que representaron tanto su zona de origen como el plato en cuestión, expresando en cada conversación con la gente, las cualidades, tipo de productos y forma de preparación que les lleva a ser lo que son. Una muestra complementada con algunos institutos gastronómicos que fueron el portavoz de otras tantas recetas tradicionales, quizá acentuando que, también, por medio de los cocineros profesionales (en este caso en formación) se preserva y proyecta lo criollo.

Una más cuidada selección de puestos anexos, un escenario bien equipado para clases de cocina y charlas, una cocina de producción de intensa actividad y hasta pintoresca por eso de tener que cruzar la calle para proveer de caldos a los puestos. Y también un improvisado espacio para el debate pro derechos animales y virtudes vegetarianas radicales, figuraron en una muestra que se ha cocinado a fuego lento con el correr de los años. Así lo resume su creador y principal gestor, Rubén Tapia: “El sabor más dulce que me dejo este encuentro fue darnos cuentas que a pesar de nuestras diferencias todos los actores del mundo gastronómico nacional podemos trabajar juntos y en armonía por un fin común. La camaradería, los saludos, la cooperación en fin todo en un gratísimo ambiente. Hace rato no lo sentía así. Luego como los asistentes agradecían esta fiesta, por toda la organización, el trabajo de los funcionarios de la municipalidad de Curico, de INDAP, de SERNATUR fueron fundamentales para lograr todo esto”.

Para quien suscribe el recorrido como jurado por media docena de restaurantes de todo tipo, participantes en el segmento de mejores caldos de Curicó (fuera de la muestra principal), dio pie a unas cuantas conclusiones. La más importante: el comer criollo de manera transversal en términos geográficos, basa su poder en los caldos, y el acervo de recetas que ostenta marca una particular diferencia dentro de un medio profesional donde la parrilla, la plancha y los cortes fríos suelen dominar la escena, usualmente con más pirotecnia que contenido. El calor y la consistencia de un buen caldo (y de un buen fondo), es lo que puede marcar la diferencia entre un local correcto de uno sobresaliente. Y si es a la criolla, tanto mejor. Otrosí para 2016: separar la competencia entre preparaciones internacionales y vernáculas.

Sobre lo que se puede mejorar, Rubén Tapia dice: “creo que la meta para el próximo año es profesionalizar la feria; quizás incorporar nuevos elementos y sobre todo volverla a su fecha original que es en el mes de mayo”, dice y agrega: “desde el fondo de mi corazón quiero agradecer a los cocineros asistentes y a los alumnos de los liceos técnicos y de Santo Tomás. Sin su esfuerzo esto no resulta”. Un guiño a quienes, quizá, más adelante sigan caminos parecidos a los del espíritu de este evento.

 

 

 

Carlos Reyes
Trece años de ejercicio profesional principalmente en medios escritos dentro del ámbito de la gastronomía. En la actualidad me desempeño como editor periodístico de revista La CAV (Club de Amantes del Vino) en Santiago, Chile. En paralelo poseo experiencia docente a nivel técnico profesional (escuelas de cocina) y diplomados universitarios. Ese devenir me ha permitido incursionar, además, en la fotografía y editar publicaciones especializadas en la culinaria de la ciudad de Valparaíso, mediante el libro "Valparaíso a la Mesa" de Editorial Planeta, considerada la Mejor Guía Gastronómica del Mundo escrita en Español en 2009 de acuerdo al Gourmand Worldcook Books Awards.

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