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En la Quinta de los Núñez

Miércoles, 18 Noviembre 2015 - 11:52am

Ahora, en tiempos en que los de verdad tamborean en el Parque de los Reyes todos los martes por la noche, mientas que los de mentira toman cursos de “cueca brava”, caigo en la Quinta de los Núñez…

 

Hay que agradecerle a gente como Roberto Parra y el casi eterno Nano Núñez el haber mantenido viva el alma cuequera del choro; ellos y sus compadres hicieron de las ruedas del canto en la calle y en donde fuera, su razón de ser. Por suerte consiguieron dejar discípulos impregnados de la versión más honesta del canto fiestero chileno. Hay que agradecerlo porque la música popular criolla a lo largo de nuestra historia –descontando la avanzada tropical- no se precia de ser todo lo alegre que se quisiera (¿Qué habría sido, por ejemplo, de la Nueva Canción Chilena si hubiera tenido una pizca de sentido del humor?).

En lo personal poseo un recuerdo de primera mano en relación a esa forma de mirar la cueca y se llamaba Chamaco. Vivió cuando yo era niño en ese Maipú ochentero recién despojado de su aire campestre y ya moldeado como la aburrida comuna dormitorio que es. Era conocido de mi papá, con quien coincidió de seguro en sus tiempos de correrías cuequeras antes que volcara sus pasiones al folclor infantil. Mi papá durante años agarró guitarra y acordeón para avivar fiestas propias y ajenas, hasta que un preinfarto evitó que se lo llevara la noche. Chamaco no, se quedó viviendo de la cueca y de su carrito repartidor de gas. Era grande, enorme desde mi perspectiva infantil, y con esa voz explosiva y chillona del cuequero que se impone a grito pelado sin modulación ni disciplinas, cualidad resaltada por su condición de maestro del pandero. Lo necesario para ser alguien allí donde las gargantas queman. Un 17 de septiembre el cuerpo le dijo basta y al día siguiente, me contaron, vestido de un impecable traje de huaso se fue a cantar a una ramada de ultratumba.

Fue el único y verdadero choro canta cuecas que conocí.

Ahora, en tiempos en que los de verdad tamborean en el Parque de los Reyes todos los martes por la noche, mientras que los de mentira toman cursos de “cueca brava” (mijo, si no es choro es imposible que baile bravo… baile como quiera que es mejor), caigo en la Quinta de los Núñez, medio a medio del cerro La Loma en Valparaíso, arriba de la Subida Ecuador y a un costado del cerro San Juan de Dios. Las planchas de cinc de su techo podrían volar en cualquier momento y por ahí se mezclan con el pasto, con la tierra húmeda, con una moto vieja puesta como adorno, lo mismo que decenas de garrafas vacías intercaladas con banderines multicolores en sus vigas; con una gran bandera chilena de fondo y otra de Santiago Wanderers de bienvenida. Más abajo y dentro de la misma propiedad, una malla cubre el cielo de una improbable cancha de tierra en plena quebrada, adaptada como segundo ambiente cuando la fiesta se hace más grande. Y los domingos suele serlo. Mesas de colegio y pisos de plástico para sentarse, gallinas que corren por debajo de las faldas de las señoras. De seguro la fiesta sigue hasta bien entrada la noche y más de alguno se vuelca devoto a “San Lunes” a la mañana siguiente. Pero lo que vi esa tarde, en el cumpleaños de un prohombre del puerto amigo de sus amigos y notable bailarín de cueca, es lo que se llama un ambiente familiar. Algo diferente al imaginario del cantante parado en la esquina veguina pegándole a un cajón, con el vino y sus compadres de comparsa.

Carlos Reyes
Trece años de ejercicio profesional principalmente en medios escritos dentro del ámbito de la gastronomía. En la actualidad me desempeño como editor periodístico de revista La CAV (Club de Amantes del Vino) en Santiago, Chile. En paralelo poseo experiencia docente a nivel técnico profesional (escuelas de cocina) y diplomados universitarios. Ese devenir me ha permitido incursionar, además, en la fotografía y editar publicaciones especializadas en la culinaria de la ciudad de Valparaíso, mediante el libro "Valparaíso a la Mesa" de Editorial Planeta, considerada la Mejor Guía Gastronómica del Mundo escrita en Español en 2009 de acuerdo al Gourmand Worldcook Books Awards.

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